Rehabilitación del Colegio de los Jesuitas de Fregenal de la Sierra (Badajoz)
Cuando se accedió por primera vez al edificio, éste se encontraba en un avanzado estado de ruina: había perdido por completo la cubierta, el forjado de la planta alta de la primera crujía —correspondiente al antiguo colegio— y presentaba un acusado proceso de colonización vegetal, fruto de décadas de abandono continuado. La falta de protección frente a la intemperie había acelerado el deterioro de muros y bóvedas, comprometiendo seriamente la estabilidad del conjunto. Aunque los pliegos del concurso limitaban la intervención a una parte del inmueble, el proyecto entendió desde el inicio que resultaba imprescindible ejecutar la totalidad de la cubierta como una operación estructural y patrimonial previa, destinada a detener el proceso de degradación y garantizar la conservación futura del edificio.
Una vez estabilizado el «desgaste» acumulado, la actuación se centró en la limpieza, consolidación y puesta en valor de los sistemas murarios y las bóvedas existentes. Este trabajo, desarrollado de manera minuciosa y casi arqueológica, permitió desvelar las trazas originales del edificio y establecer las directrices fundamentales del proyecto: la recuperación del acceso histórico del colegio, situado en una de las fachadas laterales junto al acceso a la iglesia; la integración visible de los restos arqueológicos aparecidos durante las excavaciones; y la configuración de una secuencia de espacios interconectados que, sin alterar la lógica constructiva original, permiten un uso polivalente y adaptable a distintas actividades culturales y cívicas.
La obra se desarrolló en dos fases. La primera se centró en el edificio principal del antiguo colegio, vinculado funcional y espacialmente a la iglesia y concebido como el principal acceso al conjunto. Frente a la materialidad original —piedra, tierra y ladrillo—, los nuevos elementos introducidos se plantean como piezas de geometría precisa y acabados blancos, estableciendo un contraste deliberado que refuerza la lectura entre lo existente y lo contemporáneo. Estos volúmenes acogen el vestíbulo de acceso, las escaleras de comunicación con la planta primera y los núcleos técnicos necesarios para la ventilación e iluminación natural, integrados en el nuevo forjado ejecutado en la primera crujía del edificio, previamente desaparecido.
La segunda fase completó la intervención mediante la incorporación al conjunto de la antigua cocina del colegio, el despacho rectoral y parte del jardín posterior, transformado en un cine de verano. Esta ampliación del programa permite activar espacios hasta entonces residuales y extender la actividad hacia el exterior, reforzando la relación del edificio con su entorno inmediato. El resultado es un complejo cultural coherente y unitario, que combina la conservación del patrimonio construido con una arquitectura contemporánea sobria y reconocible, y cuya vocación final es convertirse en un referente de la vida cívica y cultural del municipio.
